"La actitud angustiada que fundó las prohibiciones oponía el rechazo -un paso atrás- de los primeros hombres a los movimientos ciegos de la vida.[...] los primeros hombres tuvieron un sentimientos confuso. Rechazaron la muerte y la reproducción vertiginosa con las prohibiciones Pero nunca se encerraron en ese rechazo; o más bien no se encerraron en él sino para volver a salir lo más rápidamente posible. Salieron de ahí de la misma manera que entraron, bruscamente resueltos. La angustia, al parecer, constituye a la humanidad; pero no la angustia sin más, sinó la superación de la angustia. [...] (la vida) Agota ilimitadamente sus fuerzas y sus recursos; aniquila constantemente lo que creó. En ese movimiento, la muchedumbre que forman los seres vivos es pasiva. Y no obstante, en el extremo, queremos precisamente lo que pone en peligro nuestra vida (pero un peligro momentáneo).
[...] Si el peligro se hace demasiado pesado, si la muerte es inevitable, en principio, el deseo es inhibido. Pero si nos acompaña la suerte, el objeto que deseamos más ardientemente es el susceptible de arrastrarnos hacia gastos frenéticos y arruinarnos. [...]
El lector está evidentemente al abrigo del peligro, impiden habitualmente verlo así, pero gracias a ellas (las novelas) vivimos por procuración lo que no tenemos energía para vivir nosotros mismos. Lo que nos da la aventura de otro es la oportunidad de, soportándolo sin demasiada angustia, gozar del sentimiento de perder o de estar en peligro.
De hecho, la literatura se sitúa en la continuación de las religiones, de las cuales es heredera. El sacrifico es una novela, es un cuento, ilustrado de manera sangrienta. O mejor, es, en estado rudimentario, una representación teatral, un drama reducido al episodio final en que la víctima, animal o humana, desempeña sola su papel, pero lo hace hasta la muerte. El rito es efectivamente la representación, reiterada en fecha fija, de un mito; es decir, esencialmente la muerte de un Dios. Nada de todo esto debería sorprendernos. Es lo mismo que sucede cada día, bajo una forma simbólica, en el sacrificio de la misa.
[...] Si el peligro se hace demasiado pesado, si la muerte es inevitable, en principio, el deseo es inhibido. Pero si nos acompaña la suerte, el objeto que deseamos más ardientemente es el susceptible de arrastrarnos hacia gastos frenéticos y arruinarnos. [...]
El lector está evidentemente al abrigo del peligro, impiden habitualmente verlo así, pero gracias a ellas (las novelas) vivimos por procuración lo que no tenemos energía para vivir nosotros mismos. Lo que nos da la aventura de otro es la oportunidad de, soportándolo sin demasiada angustia, gozar del sentimiento de perder o de estar en peligro.
De hecho, la literatura se sitúa en la continuación de las religiones, de las cuales es heredera. El sacrifico es una novela, es un cuento, ilustrado de manera sangrienta. O mejor, es, en estado rudimentario, una representación teatral, un drama reducido al episodio final en que la víctima, animal o humana, desempeña sola su papel, pero lo hace hasta la muerte. El rito es efectivamente la representación, reiterada en fecha fija, de un mito; es decir, esencialmente la muerte de un Dios. Nada de todo esto debería sorprendernos. Es lo mismo que sucede cada día, bajo una forma simbólica, en el sacrificio de la misa.
[...] La superación de la angustia es posible con una condición: que la angustia guarde proporción con la sensibilidad que la llama."
El erotismo
G.B.
El erotismo
G.B.
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